Cap.8 / Renovar la Bi$a


Con B de billete y $ de dólar. Y es que renovar por una temporada más en el ya copado equipo de extranjeros que somos aquí en las antípodas, es algo muy caro.

El gobierno australiano se a$egura de que todo quede en casa y exige unos requisitos básicos sólo aptos para algunos bolsillos. En mi caso, he tenido que tirar de ahorros, pero a toro pasado me repito una y mil veces que para eso están y que el que algo quiere, mucho le cuesta, en este caso.

Así que no todo es decidir si vienes o no a las antípodas, una experiencia única en todos los sentidos, sino que también cabe pensar que después, si quieres quedarte, tienes que invertir un montón de dinero. De eso se encarga la alegre industria de la educación porque, toda persona que quiera quedarse pudiendo trabajar, si no tiene un sponsor, pareja australiana o derecho a la working holiday visa, tendrá que comprar un curso.

Mi caso ha sido el de la mayoría aquí: llegas con una visa corta (4 meses), trabajas para mantenerte (las 20h/semana no dan para ahorrar) y cuando todo empieza a marchar bien, ¡toca renovar visado! La verdad es que yo me dormí en los laureles y tardé, porque no tenía muy claro si quedarme o no, en mirar mis opciones de renovación. Brevemente, lo que yo he necesitado para hacer los trámites es:

        Seguro Médico Obligatorio (35€/mes de visado)
         Pruebas médicas (220€)
        Solicitud de visado (400€)
Curso (unos 4500€ mínimo por un año)

Las tres primeras tienen un precio fijo y son estándares para la mayoría de los visados.

En cuanto a los cursos vi que la gente suele elegir cursos de business y accounting alegremente, por ser los más baratos y de mayor duración. Estuve a punto de firmar un año de business pero luego pensé que ya que había que pagar, por lo menos elegiría algo que me gustara.
Finalmente resolví estudiar un poco más de inglés para prepararme el IELTS en la escuela Fusion English y un certificado de instructor de fitness en el ACSF, que puedo combinar con capoeira y con educación social.

Deporte 1 – Negocios 0

Ayer hice las pruebas médicas y ahora es sólo cuestión de esperar la respuesta de inmigración.
En total me queda un año entero de visado, un año más por aquí en el que veré las opciones de quedarme más tiempo pero no como estudiante sino como trabajador o residente, desarrollando mi profesión o algo que se le parezca. Si no se diera el caso, buscaría otras alternativas.

Seguiremos informando.

Cap.7 / Rodando por la City


Uno de los gastos a tener en cuenta cuando un@ se instala en Melbourne es el del transporte público. Acostumbrado a moverme en metro o bus por Barcelona, con el ajetreo de los primeros meses aquí no me plantee otra cosa, de forma que desde el primer momento me hice con una MykiCard y resolví el problema de las distancias entre los suburbios y la city.

Aquí el transporte público lo gestiona una empresa privada que cobra nada más y nada menos que $3.5 (2.75€) por un billete individual y $35 (27.5€) por la tarifa semanal. La mensual se queda en $129 (101€). El servicio está bien aunque los tiempos de espera son larguísimos y el tránsito impide que los tranvías circulen más rápido. Total, que un@ pierde tiempo y gasta mucho dinero.

Viendo el panorama, empecé a pensar en comprar una bici. Es una alternativa barata, limpia y rápida. Además haces ejercicio. De la tienda no salían por menos de $200 así que empecé a buscar de segunda mano, también sin demasiado éxito.

Melbourne tiene una cultura del uso de la bicicleta muy fuerte. Hay bike paths (carril-bici) por toda la ciudad e incluso entre los parques, de forma que según donde vayas puedes cortar camino para evitar el tránsito.
Finalmente, mi profesor de inglés me comentó acerca de un proyecto de reciclaje de bicis en el que puedes construir tu propia bici con piezas de otras que la gente va donando. Además te enseñan a hacerlo y te prestan todas las herramientas. Cuando terminas te tasan la bici y sueles pagar entre $30 y $50. Siempre que necesites arreglarla solo tienes que acercarte y hacerlo tú mism@. Suena genial, ¿eh?

Pues así lo hice. Tardé tres días en convertir un cuadro con pedales en un medio de transporte. Lo mejor, todo el proceso. Primero, es ocio gratis. Segundo, aprendes un montón. Tercero, el resultado. Además engancha, ya tengo otra en camino.

Desde calibrar las ruedas hasta arreglar frenos, sillines, manillares y cadenas, llenarte de grasa y maldecir cuando la pieza no encaja, para al final sonreír satisfecho por haberlo conseguido.

El resultado es una bici de una sola velocidad con el cuadro de carreras y el manillar ‘tuneado’, mi joyita particular. ¿Precio? $40 (31€). ¡Ya no me muevo de otra forma! En realidad llego más rápido ya que no camino hasta la parada ni espero el tranvía, aparco más cerca del lugar al que voy y no hago paradas.